JUAN RULFO ENTRA EN LA HISTORIA DE LA LITERATURA CON DOSCIENTAS CINCUENTA PÁGINAS – por Fernando Celada

tumblr_mg9r42jdio1r6d6jqo1_400“Llanuras verdes. Ver subir y bajar el horizonte con el viento que mueve las espigas, el rizar de la tarde con una lluvia de triples rizos. El color de la tierra, el olor de la alfalfa y el pan. Un pueblo que huele a miel derramada…” (Pedro Páramo)

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo…” (Pedro Páramo)

INTRODUCCIÓN

El título de este trabajo corresponde al titular de un periódico mejicano para dar la noticia de la muerte de Rulfo, y resume con exactitud la extensión, el sentido y la significación de la obra literaria de narrador mejicano. Juan Rulfo(1918-1986) es una figura absolutamente central en la novela mejicana del siglo XX y uno de los grandes maestros de la nueva narrativa hispanoamericana. El hecho de que haya logrado esa posición privilegiada con sólo dos escuetos libros- los cuentos de El llano en llamas(1953) y la novela Pedro Páramo(1955)- hace su caso aún más notable y subraya una de las cualidades esenciales del narrador: su concisión, que él supo llenar con una alta tensión trágica y una densidad simbólica que pocos han logrado. La exigüidad de su producción se convirtió en algo casi legendario porque, en pocas páginas, sus dos obras habían logrado la perfección en sus respectivos géneros. No hay en ellas signos de aprendizaje ni decadencia : ambas son piezas magistrales y, por lo tanto, difíciles de superar, incluso por él mismo. Eso fue exactamente lo que ocurrió, porque el autor entró en una honda crisis emocional que lo paralizó como creador y lo redujo a un casi completo silencio que duró hasta su muerte. Este es el curioso destino de un escritor que hizo de la elipsis y el laconismo vehículos de una enorme fuerza expresiva.

UNA BIOGRAFÍA MÍNIMA

Juan Rulfo nació en 1918, en Apulco, un pueblecito vecino a Sayula, en el estado de Jalisco, región en la que viviría hasta los quince años y que sería el escenario de toda su obra. Tenía seis años cuando murió asesinado su padre, víctima de la violenta historia de Méjico. Varios de sus parientes murieron asesinados. Perdió también a su madre y creció en un orfanato de monjas. “Entonces viví- declaró Rulfo en una entrevista- en una zona de devastación. No sólo de devastación humana, sino de devastación geográfica. Nunca encontré ni he encontrado, hasta la fecha , la lógica de todo eso. No se puede atribuir a la Revolución. Fue más bien una cosa atávica, una cosa de destino, una cosa ilógica”. Esa devastación humana y geográfica la encontramos en el primer plano de sus dos obras: en el horroroso pueblo de Luvina, en el cuento El llano en llamas, y en Comala de Pedro Páramo. La revolución mejicana se había iniciado en 1910 y sus secuelas se prolongaron durante años, con insurrecciones contrarrevolucionarias como la llamada Guerra de los cristeros, denominados así porque luchaban en nombre de Cristo y de las tradiciones. La soledad y un y talante íntimo, reconcentrado y triste, lo definirán desde entonces. Estudió contabilidad y algo de leyes, pero no logró completar ninguna carrera. En 1933, se traslada a Méjico capital y allí entra en contacto con ambientes literarios, introducido por su amigo y editor Juan José Arreola. Desempeña diversos oficios mientras comienza a escribir y a publicar cuentos en revistas.

CARACTERÍSTICAS DE SU OBRA LITERARIA

Rulfo trasciende el enfoque realista incorporando elementos fantásticos o, mejor, míticos. La visión directa de las realidades más brutales convive de forma fascinante con lo misterioso, lo alucinante y lo sobrenatural. La realidad evocada por Rulfo está habitada a menudo por seres extraños, por fantasmas, por fuerzas desconocidas. Ello hace del autor uno de los primeros maestros del “realismo mágico”. Y como tal lo ha reconocido, por ejemplo, García Márquez.                                                                                                                                                                                              Son fundamentales las nuevas técnicas narrativas que Rulfo emplea: la ruptura del desarrollo cronológico del relato, el uso del monólogo interior, alternando bruscamente con diálogos, el cambio inesperado del punto de vista, son algunos rasgos que emparentan a Rulfo con los grandes renovadores de la novela europea y americana( Kafka, Joyce, Faulkner…) y lo sitúan a la cabeza de la renovación de la narrativa hispanoamericana. Como indican las fechas de sus obras, es un adelantado de lo que en los años 60 será la explosión de la nueva narrativa.                                                En cuanto al estilo, señalemos sus profundas raíces en el lenguaje popular mejicano. Sin embargo, de nuevo hay que insistir en su concienzuda y esmerada elaboración. El resultado es una profunda asimilación del habla popular y, a la vez, una salvación estético-poética de esa habla. De ese peculiar tratamiento del lenguaje, surge la hondura sugeridora y la fascinación del estilo de Rulfo. La descripción es de una sobria parquedad e intensidad. Los diálogos son concisos y lacónicos; Rulfo eleva el habla popular mejicana a alta temperatura estética. Entre los monólogos destacan, sobre todo, los bellísimos monólogos de Susana San Juan.

EL LLANO EN LLAMAS, 1953.

En 1953, Rulfo reunió, con este título, varios cuentos escritos en los quince años anteriores y algunos de ellos publicados en revistas. Se trata de obras maestras del género, testimonios ya de una perfecta madurez : la visión y el arte peculiares de Rulfo están ya en estos relatos impresionantes. De ellos sobresalen Macario, Nos han dado tierra, La cuesta de las comadres, Es que somos muy pobres, Luvina…Hay que destacar el que prefería Rulfo: ¡Diles que no me maten!, que, dentro de su brevedad, combina magistralmente varias técnicas, como si se tratara de una novela en miniatura. El llano en llamas, en su conjunto, nos presenta unas tierras duras, desoladas; unas aldeas que se quedan solas y se desmoronan, a veces habitadas casi sólo por los muertos. Son las tierras y aldeas de su Jalisco natal. En resumen, se trata de un mundo desesperado, presidido por el hambre, la violencia, la soledad y la muerte. Hay que subrayar la vecindad de este mundo y el de Pedro Páramo. Los cuentos de Rulfo nos ofrecen un arte singular. La mezcla de realidades y visiones de pesadilla, así como sus técnicas renovadoras y su lenguaje inconfundible.

PEDRO PÁRAMO, 1955.

Rulfo escribió una primera versión de unas trescientas páginas. Después hizo otras tres versiones que consistieron en reducir a la mitad aquellas 300 páginas : “Eliminé toda divagación y borré completamente las intromisiones del autor”, dice Rulfo. La obra asombró y desconcertó al lector común por la ya comentada mezcla de elementos familiares y de novedades de enfoque y técnica.

EL ARGUMENTO

Aparentemente Pedro Páramo es una narración más o menos biográfica que trata de varios episodios de la vida de un cacique rural. Juan Preciado, cumpliendo la última voluntad de su madre, llega a Comala en busca a su padre,un tal Pedro Páramo, a quien no conoció. Pronto sabrá que Pedro Páramo murió hace años. Comala es un pueblo fantasmal, habitado por seres que parecen estar en una extraña frontera entre la vida y la muerte. Poco a poco comprendemos que todos están muertos verdaderamente. Pero habremos de llegar a la mitad de la novela para descubrir que el mismo Juan Preciado murió tras llegar a Comala. Entre tanto – y después- las ánimas y las “voces” que pueblan la aldea nos van desvelando, a retazos, la vida pasada del pueblo y la de Pedro Páramo. Éste fue un cacique implacable, que no retrocedió ante nada para ensanchar sus tierras y su poder. Pero, a la vez, Pedro Páramo es un hombre frustrado, vacío, sin amor, abocado a la soledad, y que encontrará una muerte absurda a manos de otro hijo abandonado. Es una historia que no arroja ninguna luz nueva sobre el fenómeno del caciquismo y que resulta, además, melodramática e inverosímil. Es, pues, inútil considerarla una novela realista.

LA ESTRUCTURA DE LA NARRACIÓN

En una novela como Pedro Páramo, es especialmente pertinente la distinción que la teoría literaria establece entre la historia ( los hechos que se cuentan tal como sucedieron) y la narración ( la disposición y la manera de contarlos). Su autor, en una entrevista, reconocía que estamos ante una novela difícil y añadía que “se necesitaba leerla tres veces para entenderla”.

En cuanto a su estructura externa, la obra se compone de 70 secuencias narrativas, a veces muy breves, y que son como piezas de una historia rota que el lector irá recomponiendo a modo de rompecabezas.

La estructura interna de la narración presenta dos “líneas” o hilos narrativos que avanzan alternándose y entrecruzándose, de esta forma:

1 .Secuencias referentes a Juan Preciado: están narradas en primera persona y siguen, en general, un orden cronológico( pero en ellas se insertan, en cursiva, palabras anteriores de la madre).

 2. Secuencias referentes a Pedro Páramo: narradas en tercera persona, nos remiten al pasado, con respecto al tiempo de la línea 1ª, pero, además- y aquí encontramos la mayor complejidad- se presentan sin orden cronológico.

Añadamos que muchas secuencias de la línea 1ª, hacen referencia a los hechos de la línea 2ª. Y que hay algunas secuencias que podemos llamar mixtas, ya que mezclan las dos líneas narrativas.

Por otra parte, el desarrollo de la narración presenta un giro perceptible cuando el lector comprende que Juan Preciado está muerto. De acuerdo con ello, la novela se dividiría en dos partes:

  1. Secuencias 1-36. Predomina sensiblemente la historia de Juan Preciado.
  2. Secuencias 37 al final. Domina la historia de Pedro Páramo y, en especial, sus relaciones con Susana San Juan.                                                                                                                                                                      Todo lo expuesto, nos indica que nos hallamos ante una estructura muy meditada, caracterizada por su originalidad y su dificultad. Ya hemos aludido al desorden cronológico con que se suceden los episodios de la vida de Pedro Páramo. Además, cada episodio se fragmenta en diversas secuencias. Entre los episodios o las secuencias hay elipsis ( se saltan sucesos que el lector debe suplir).

Y, sobre todo, las secuencias de las dos citadas líneas narrativas se entremezclan de forma abrupta, sin advertencia previa.

Todo ello hace que la narración avance a saltos, con vacíos, a veces con bruscos “flasesh”. Es un tipo de relato que tenía un precedente muy claro en Faulkner, pero Rulfo confesaba no haberlo leído aún. El efecto que el relato produce en el lector es de desconcierto y de suspensión. Escogió esta estructura porque le parecía la más adecuada, la más eficaz, para impregnar al lector con el hondo sentimiento de la trama de un vivir colectivo, de la relatividad del tiempo humano y de la extraña vecindad de la vida y la muerte.

Tal propósito es inseparable de aquella citada inquietud de renovar las técnicas narrativas. Todo ello impone una nueva actitud del lector: una postura activa, un esfuerzo por participar en la construcción del relato. Si el lector se presta al juego, poco a poco irá viendo más clara la historia de Pedro Páramo y la lectura será apasionante.

LOS PERSONAJES

La novela se presenta como la historia de un cacique, de un tirano local, en torno al cual giran los demás personajes.

Pedro Páramo es el centro de todo ese mundo. Desde el principio se habla de él como un rencor vivo. De una manera magistral, se van acumulando datos sobre él. Lo vemos de niño y adolescente, pensando ya en Susana San Juan. Lo vemos rodeado de muerte : la del abuelo, la del padre, la posterior de su hijo Miguel. Y lo vemos endurecerse y agigantarse al frente de La Media Luna, su hacienda, que va ensanchando sin reparar en medios, sin detenerse ante el crimen. Es la personificación del poder más brutal y violento. Pero no le es ajeno cierto sentímiento de culpa:”Estoy empezando a pagar”, dice al enterarse de la muerte de su hijo Miguel. Pero hay algo hermoso en su alma: el amor por Susana San Juan, aunque lo lleve a conseguirla por cualquier medio. Fue su única ilusión verdadera, pero frustada: la incomunicación marcará sus relaciones con ella. Y cuando Susana muera, Pedro Páramo- hundido en una definitiva soledad- se dejará morir.

Susana San Juan es, según Rulfo, el ideal. Habrá que fijarse en cómo habla Pedro de ella. Pero, en sí misma, es una figura aureolada por un lirismo turbador que se manifiesta especialmente en sus sueños o recuerdos de su amor por Florencio. ¿Amor real? Rulfo precisó que tal personaje era un producto de la locura de Susana.¿ Y cuál es la causa de su locura?¿La ausencia de amor? Así parece, pero la obra deja entrever algo inquietante y traumático en las relaciones con su padre. Pero lo más importante es que Susana es el único personaje sobre el que el poderoso Páramo no tiene poder.

Otras mujeres que tuvieron alguna relación con Pedro Páramo serían Eduviges Dyada, Damiana Cisneros o Dorotea; pero destaca sobre ellas Dolores Preciado, la madre de Juan. Es una figura inversa a la de Susana: en este caso, fue ella la ilusionada con Pedro, ilusión que desembocó en el desengaño, pues a Pedro sólo le interesaban sus tierras. Muere lejos de Comala y su nostalgia- y su rencor hacia Pedro Páramo- impulsarán a Juan Preciado a ir en busca de su padre(“El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro”).

Juan Preciado es el otro eje de la novela. Y sus dimensiones son complejísimas, pues enlazan con mitos mejicanos y universales. Encarna la criatura abandonada en busca del padre, de sus raíces, de lo que es suyo. Pero esa búsqueda conduce a la muerte; su camino es un descenso a los infiernos. Y así encarna- como otros personajes y de forma eminente- el fracaso de toda ilusión y la tragedia del vivir humano.

Hay otros hijos de Pedro Páramo. Dos desempeñan un papel en la obra. Miguel Páramo, hijo ilegítimo pero reconocido, es el reverso de Juan Preciado. Y viene a ser otro Pedro Páramo, en todo lo que éste tiene de peor. Su temprana muerte es el principio del castigo que recibe el desalmado cacique. El otro hijo es el arriero Abundio, ese enigmático personaje que aparece ya al principio y que reaparecerá- con estricta simetría- en la decisiva penúltima secuencia. Su papel es el de un vengador a la vez justiciero y absurdo( está borracho), y enlaza con otro mito ancestral : el del hijo que se rebela contra su padre y le da muerte.

Otro personaje importante es el padre Rentería. Su significación es clara : representa a un sector de la Iglesia que está aliado con el poder hasta llegar a la mayor degradación. En este sentido, tienen una fuerza enorme las acusaciones que recibe de otro sacerdote, el cura de Contla, en un pasaje memorable. En suma, es una muestra de una religiosidad deforme.

EL AMBIENTE DE COMALA.

Como dice Rulfo, Pedro Páramo “en verdad es el relato de un pueblo: una aldea muerta donde todos están muertos, incluso el narrador, y sus calles y campos son recorridos únicamente por las ánimas y los ecos capaces de fluir sin límites en el tiempo y en el espacio”.

Comala, en sus dimensiones reales y míticas, es uno de esos ámbitos novelescos inolvidables, sólo comparable al Macondo de García Márquez. Es, en primer lugar, una síntesis de muchos pueblos de la tierra de Rulfo que se iban quedando abandonados. Encierra asimismo una síntesis de elementos característicos de la historia de Méjico, centrada en una sociedad rural arcaica y de tipo feudal. Las dimensiones de Comala son múltiples. Se ha hablado de tres Comalas: la Comala soñada o ideal, la Comala real o de Pedro Páramo y la Comala muerta o infernal.

Hay, en primer lugar, una Comala paradisíaca: es la que, desde lejos, evocaba Dolores Preciado ante su hijo Juan, y la que despierta las ilusiones y esperanzas de éste. Pero lo que descubriremos- con Juan- será bien distinto: “Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno”. Y muy pronto esa Comala se nos desdobla en otras dos:

Una es la Comala de Pedro Páramo, una Comala real sólo en cierto modo. Representa el reino de un poder tiránico, de la violencia, de la injusticia y de la degradación en diversas formas, hasta la locura. Su destino está ligado a Pedro Páramo y, como el cacique, es un pueblo abocado a la soledad y a la destrucción. La Comala real es colindante con la tercera Comala:

La Comala infernal es el reino de los muertos. Entramos aquí en el mundo mítico. De modo gradual y admirable, el lector va percibiendo la índole fantasmal de los inquietantes personajes que aparecen y desaparecen, o va identificando las extrañas voces. Son almas en pena, criaturas condenadas a revivir un pasado horrible.

SIGNIFICACIÓN DE PEDRO PÁRAMO

El primer plano de significación sería el histórico y social, la acción se sitúa en tiempo preciso: el último tercio del siglo XIX y el primero del siglo XX. Hay referencias importantes a la Revolución mejicana de 1910 o la “Guerra de los cristeros”(1926-28). El personaje de Pedro Páramo es la quintaesencia de un tipo histórico real.

Un paso más ha llevado a ver en Pedro Páramo, unas claves esenciales del alma mejicana. Base de estas interpretaciones es el análisis que del ser de Méjico hizo Octavio Paz en un libro clásico- El laberinto de la soledad(1950)-.Júzguese hasta que punto encierra la obra elementos propios de lo mejicano como los siguientes, señalados por Paz y otros autores:

– La obsesión por encontrar una filiación( mito de la tumba de Cuauhtémoc, de ignorado paradero, sentimiento de pertenecer a una nación que surgió de una “violación” cultural….”

– Sentimiento de ser un juguete de poderes y fuerzas contrarias y enemigas, de dioses insaciables. Sentimiento de soledad y de hostilidad de la vida. Fatalismo: desprecio de la vida y desafío a la muerte. Necesidad de la fantasía como refugio.

Hay un rasgo del espíritu tradicional mejicano que merece párrafo aparte. La especial idea de las relaciones entre la vida y la muerte. Por un cruce de mitos aztecas y de tradiciones cristianas, la oposición entre vida y muerte no es absoluta; la frontera entre ambas resulta borrosa. Y ello es un elemento básico de Pedro Páramo. Del plano concreto de las raíces concretas de lo mejicano, nos hemos alzado a temas universales, como el poder, la injusticia, la soledad, la muerte. Por otra parte, la búsqueda de Juan Preciado conecta con mitos y arquetipos universales: el episodio de La Odisea en el que Telémaco busca a su padre Ulises. Y, si entendemos que llegar a Comala es como descender al Infierno, el viaje de Juan Preciado trae ecos de Orfeo, así como el arriero Abundio es una especie de Virgilio en una jornada realmente dantesca. El esquema básico búsqueda del padre ante el que estamos no es, pues, un caso individual, sino un paradigma universal.

 LUGAR DE PEDRO PÁRAMO

Hay que insistir en el papel de Rulfo y de su obra en la renovación de la narrativa hispanoamericana y , sobre todo, en la fundación de una nueva novela en lengua española. Pedro Páramo es, a la vez, una novela vanguardista y muy mejicana. Su influencia iba a ser honda, García Márquez recuerda la impresión que le produjo su descubrimiento: ”Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura de Pedro Páramo. Nunca desde la noche tremenda en que leí La Metamorfosis de Kafka en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá- casi diez años atrás- había sufrido una conmoción semejante.”

Hoy Pedro Páramo es un clásico por su convivencia de lo local con lo universal, del alcance social y humano con la maestría técnica y la exigencia estética. De modo que Rulfo ocupa un primerísimo puesto entre los novelistas de lengua española. Citemos a nadie menos que Jorge Luis Borges como argumento de autoridad:”Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica”. Y desde la vecina Norteamérica,

Susan Sontag nos asegura : “La novela de Rulfo no es sólo una de las obras maestras de la literatura mundial del siglo XX, sino uno de los libros más influyentes de ese mismo siglo”. Y, por supuesto, es, sin duda ninguna, la mejor novela mejicana de todos los tiempos.


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